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Investigación y práctica profesional en logopedia.

Isabelle Monfort Júarez*, Marc Monfort**, Adoración Juárez Sánchez***

 

* psicóloga - centro Entender y Hablar - Madrid.

** logopeda - director del centro Entender y Hablar - Madrid.

*** logopeda - doctora en psicología - directora del colegio Tres Olivos- Madrid.

Los autores manifiestan la inexistencia de conflictos de interés en relación con este artículo.

 

Resumen

 

Una de las más prestigiosa investigadora en el campo de la patología del lenguaje, D.S.M. Bishop [1], escribió : « la mayor parte de los investigadores justifican sus estudios teóricos con la afirmación de que, si llegamos a comprender mejor la naturaleza de un trastorno, seremos más capaces de construir intervenciones más eficaces ; en realidad, se trata a menudo de una falsa promesa porque la investigación queda escondida en revistas científicas a las que no acceden los logopedas o los profesores que trabajan a tiempo completo en una escuela o una clínica » (p. vii). Como clínicos que sí hemos intentado mantener en nuestra práctica un tiempo de estudio de « revistas científicas », este comentario nos ha llevado a la siguiente reflexión sobre las relaciones que el contenido de dichas lecturas ha mantenido con nuestro trabajo diario.

¿Cuál es la demanda del clínico en relación con la investigación? Si parte de una buena formación, el profesional entenderá que no puede pedir “recetas” a la investigación : buscará en la literatura científica perspectivas para nuevas posibilidades de intervención y confirmaciones empíricas de las decisiones que ha tomado.

Desgraciadamente, las respuestas claras son pocas y a menudo decepcionantes : se comentan al respecto dos ejemplos concretos tanto desde la aplicación de una técnica muy puntual hasta la de programas más amplios.

En los últimos años, ha cobrado relevancia la propuesta de la “Práctica Basada en la Evidencia” (PBE), es decir el énfasis en enfoques terapéuticos basados en pruebas “pertinentes y válidas” : se revisa la aplicación de este abordaje y su relación con los numerosos intentos de evaluar la eficacia del tratamiento logopédico ; al lado de los indudables méritos de la PBE, cabe también señalar también sus limitaciones, sobre todo en aspecto semánticos y pragmáticos.

 

Finalmente, se señala una gran ausencia en los temas de investigación centrada en la eficacia de las intervenciones, exclusivamente centrada en la metodología o en particularidades del niño con trastorno del lenguaje : no se ha estudiado sin embargo la relación entre las habilidades personales del terapeuta y su actitud con la eficacia del programa de intervención, cuando la intuición y la observación de la clínica sugieren que se trata allí de un tema fundamental (como en cualquier relación pedagógica) y esencial para la formación (inicial y continua) de los profesionales.

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