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Epilepsia y cognición. El papel de los fármacos antiepilépticos.

Autores:

Juan José García-Peñas1.

Concepción Fournier del Castillo2.

Jana Domínguez-Carral1.

Institución / Centro de Trabajo:

Sección de Neuropediatría1 y Sección de Neuropsicología2.

Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Madrid.

RESUMEN PARA LA PÁGINA WEB

La alteración neurocognitiva es una consecuencia común de la epilepsia infantil.

Los trastornos más frecuentemente observados incluyen, entre otros, alteración de memoria, lentitud mental, problemas de comprensión y expresión verbal, defectos de razonamiento lógico, alteraciones de conducta, estado de ánimo e interacción social, hiperactividad y déficit atencional.

Hasta un 60-65% de los niños epilépticos muestran cocientes intelectuales o cocientes de desarrollo normales y, sin embargo, un 30-50% de la población epiléptica infantil tiene conocimientos escolares inferiores a la media para su edad, lo cual implica un alto riesgo evolutivo de problemas de aprendizaje, fracaso escolar y desajuste psicosocial.

Los problemas que condicionan las alteraciones de aprendizaje en el niño epiléptico son muy heterogéneos, incluyendo factores propios de la epilepsia, factores derivados del tratamiento antiepiléptico y factores de índole psicosocial.

Los efectos adversos (EA) de los fármacos antiepilépticos (FAE) son un problema frecuente en la población epiléptica y limitan considerablemente la calidad de vida global de estos enfermos. Todos los FAE comercializados en la actualidad pueden afectar la función cognitiva, la conducta y/o el aprendizaje global. Sin embargo, esos trastornos son mucho más frecuentes cuando consideramos FAE de primera generación, pautas de politerapia, titulación rápida de dosis del FAE y presencia de niveles séricos elevados.

Con respecto a los FAE de primera generación existe evidencia de clase I con respecto a los EA cognitivos deletéreos de fenobarbital (PB), benzodiacepinas (BZD) y fenitoína (PHT) y refiriéndose con menos frecuencia y de forma contradictoria para carbamacepina (CBZ) y valproato sódico (VPA). En cuanto a los FAE de segunda y tercera generación, existe aún muy poca información disponible y ésta es muy contradictoria. Sin embargo, se conocen bien los EA cognitivos específicos de algunos FAE como topiramato (TPM) sobre memoria, atención y lenguaje, con un nivel de evidencia clase III, y los potenciales efectos beneficiosos sobre nivel de alerta y atención de levetiracetam (LEV) y lamotrigina (LTG).

En la actualidad, el objetivo fundamental del tratamiento antiepiléptico es mejorar la calidad de vida global del paciente epiléptico. Para ello, es necesario realizar un difícil balance entre tratar precoz y enérgicamente las crisis, para prevenir los daños evolutivos derivados de la epilepsia y, por otra parte, considerar los posibles EA producidos por el empleo de los FAE.

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