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UTILIDAD DE LOS POTENCIALES
EVOCADOS COGNITIVOS EN LA VARLOACIÓN DE NIÑOS
CON TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION TRATADOS CON METILFENIDATO.
Mª Angeles Idiazábal (Barcelona)
El Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos infantiles
más frecuentes y constituye un importante problema
en la práctica clínica ya que la sintomatología
es preferentemente conductual y posee importantes manifestaciones
en el despliegue de la personalidad, en los rendimientos
académicos, en la dinámica familiar y
en la adquisición de habilidades sociales. El
cuadro clínico se caracteriza por un déficit
de atención, conducta y estilos cognitivos impulsivos
y por exceso de actividad motora.
El diagnóstico del TDAH es fundamentalmente clínico
y no existe ninguna prueba, test o cuestionario que
por sí mismo sea definitivo. La entrevista clínica
y el uso de cuestionarios de conducta y pruebas de valoración
de las capacidades cognitivas del sujeto suelen ser
las vías utilizadas por los profesionales de
la salud para obtener dicho diagnóstico.
La neurofisiología clínica cuenta con
técnicas de exploración que permiten la
valoración de la función cerebral, son
los Potenciales Evocados Cognitivos (PEC). Los PECs
son pequeñas variaciones de la actividad cerebral
que se hallan sincronizadas con un estímulo cognitivo,
y que permiten observar la actividad neuronal asociada
al procesamiento sensorial y cognitivo de la información,
constituyendo un indicador neurofisiológico del
procesamiento subyacente a esos estímulos. Los
PECs presentan gran resolución temporal y nos
permiten evaluar las distintas funciones cognitivas
superiores (atención, memoria de trabajo, percepción,
lenguaje…). Dentro de los PECs, el componente
P300, es el más utilizado para estudiar las funciones
cognitivas y atencionales, ya que pone de manifiesto
procesos cognitivos como la capacidad de análisis,
valoración y discriminación de estímulos..
Esto permite medir la actividad neuronal inducida por
la tarea antes de que se vislumbre la respuesta final.
Numerosos estudios han puesto de manifiesto la existencia
de alteraciones en los PECs obtenidos, tanto en tareas
visuales como en tareas auditivas, en sujetos con TDAH;
así, se han objetivado alteraciones en la amplitud
y latencia de los componentes N1 (Satterfield, Schell
y Nicholas, 1994), P2 (Johnstone y col. 2001), N2 (Satterfield
y col. 1994), P300 (Johnstone y Barry, 1996; Idiázabal
y col. 2002) y N400 (Idiazábal y col. 2001).
Estas alteraciones de la actividad cerebral no son específicas
de TDAH, pero integrando esta información con
otra información clínica, aumenta significativamente
la probabilidad de un diagnóstico correcto (McPherson,
1996), así el análisis de los PECs en
niños ayuda al diagnóstico de TDAH (Smith
y col., 2004), pudiendo incluso diferenciar entre los
subtipos inatento y combinado del trastorno. Por tanto
el análisis de los PECs debería sumarse
al conjunto de herramientas de evaluación clínica
del comportamiento infantil, aumentando así la
probabilidad de un diagnóstico correcto al utilizarse
conjuntamente con la información clínica.
El tratamiento farmacológico
de elección del TDAH son los psicoestimulantes.
Los PECs también se han utilizado ampliamente
para la valoración de los efectos de la medicación
estimulante sobre la capacidad cognitiva de los pacientes
con TDAH. Así, estudios recientes como el de
Sangal y Sangal (2004) señalan que los parámetros
del componente P300 de los PECs permiten predecir la
respuesta a metilfenidato en pacientes con TDAH. La
mayoría de los estudios que valoran la eficacia
terapéutica del tratamiento farmacológico
se realizan en sujetos que han estado sometidos a dicha
medicación durante un periodo mínimo de
2 meses. Nuestro objetivo es valorar la influencia de
la administración de metilfenidato sobre la actividad
cognitiva del sujeto en el punto máximo de liberación
del fármaco y en sujetos que no han estado sometidos
a dicha medicación previamente. Pretendemos valorar
si los efectos de la medicación sobre los PECs
son ya observables tras la primera administración,
ya que, en caso de ser así se evitaría
la administración de tratamiento farmacológico
a sujetos no respondedores tras la ingestión
exclusiva de una dosis, evitando los efectos secundarios
de la medicación y permitiendo la búsqueda
de tratamientos alternativos a los que el paciente sí
responda. Además, esta valoración consecutiva
evita la influencia de la maduración cerebral
sobre los potenciales evocados cognitivos, de modo que
cualquier cambio en los parámetros electrofisiológicos
pueden ser asignados al fármaco.
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