Juan Martos (Madrid)
Asesor Técnico de APNA y FESPAU
Director del Centro Leo Kanner
Director del Centro DELETREA
Profesor Asociado de la UAM
El autismo es el trastorno prototípico de los
trastornos de espectro autista. Es un trastorno del
desarrollo de origen biológico, que se manifiesta
antes de los tres años de edad y que se caracteriza
por alteraciones cualitativas que afectan al desarrollo
de la relación e interacción social, la
comunicación y el lenguaje y el desarrollo de
la actividad simbólica e imaginativa.
Las primeras manifestaciones del trastorno
se producen, en la mayor parte de los casos y de acuerdo
con las dos fuentes de información actualmente
disponibles (la información retrospectiva que
nos proporcionan las familias y el análisis de
videos familiares), en torno al final del primer año
(la edad de 18 meses es una de las edades más
citadas por las familias cuando son consultadas al respecto).
Es muy relevante, desde el punto de
vista ontogenético, la coincidencia en el tiempo
de las primeras manifestaciones del trastorno con los
desarrollos de funciones psicológicas cualitativamente
humanas (primeras manifestaciones de lo que se ha venido
en llamar “intersubjetividad secundaria”
o formas sociales básicas de tener en cuenta
y compartir con las personas, la construcción
de la inteligencia sensoriomotora y el inicio en las
actividades representativas y desarrollo elemental de
la actividad simbólica, el desarrollo del lenguaje
y las formas de comunicación declarativa así
como el inicio de las primeras estructuras sintácticas,
inicio de la actividad de metarepresentación,
el acceso a la conciencia…) que comienzan a esbozarse
desde el final del primer año en el curso evolutivo
del desarrollo normal.
Puede entenderse el autismo, por tanto,
como un trastorno que afecta a la génesis de
funciones psicológicas que son muy relevantes
en el desarrollo humano y en ese sentido la intervención
educativa debe contemplar, necesariamente, la construcción
de esas funciones psicológicas hasta donde sea
posible.
El tratamiento educativo en autismo
y en trastornos de espectro autista tiene que partir
de dos ejes esenciales de conocimiento que deben vertebrar
la realización de cualquier programa de intervención:
el conocimiento evolutivo y ontogenético del
desarrollo normal y el conocimiento de la forma de “ser”
autista. En la integración flexible y creativa
de ambos conocimientos radica lo esencial del tratamiento
que se lleva a cabo en autismo y ello se traduce en
el desarrollo de los siguientes principios generales
de intervención (que se perfilarán con
más detalle en la exposición):
1. Un ambiente estructurado y anticipable.
2. Procedimientos de anticipación y previsión
de cambios ambientales.
3. Sistemas para el control y la regulación de
las conductas de las personas.
4. Sistemas de signos y lenguaje.
5. Experiencias positivas y lúdicas de relación
interpersonal.
6. Experiencias de aprendizaje explícito de funciones
de humanización.
7. Condiciones de aprendizaje sin errores y no por ensayo
y error.
8. Contextos y objetivos muy individualizados de tratamiento
y enseñanza.
9. Un tratamiento responsable del medio interno.
10. Formas de comprender.
11. Actividades con sentido.
12. Negociar la inflexibilidad.
13. Un planteamiento “interno” y comprometido
y no “externo y ajeno” del tratamiento.
Madrid, noviembre de 2004
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